Castañar de El Tiemblo

Castañar del Tiemblo (Ávila)  El Abuelo, localizado en el Castañar de El Tiemblo, es un patriarca con mucha historia. Se trata de un Castaño (Castanea sativa) con una altura de 19 metros y un perímetro de 16 metros que tiene más de 500 años. Su tronco esta totalmente hueco ofreciéndonos una imagen fantasmagórica y fascinante a partes iguales. Es el árbol más extraordinario de los castañares de la zona centro, un monumento vegetal que resiste el paso del tiempo.

  Por sus proporciones, el Abuelo es referencia entre los árboles de la provincia de Ávila. Su nombre es recurrente en los bosques españoles. Destaca este enorme castaño en mitad de un cerrado bosque formado por multitud de juveniles ejemplares arbóreos. Una vez a sus pies se descubre el maltrecho tronco, castigado por sucesivos fuegos, provocados para ahuecar su interior en busca de un refugio.

  Por suerte aquello pasó y parece que el Abuelo vivirá largo tiempo, pues por sus proporciones es referencia entre los árboles de la provincia de Ávila. Por su edad ha sido testigo privilegiado de la historia de estos peculiares bosques ibéricos. Fueron los castaños árboles venerados por las primitivas culturas europeas. Domesticado para obtener la nutriente cosecha de sus frutos rojizos y las ventajas de su noble madera, fueron los romanos quienes los distribuyeron por gran parte de la Península Ibérica.

  Alimento de su ganado doméstico y de sus esclavos, las virtudes de su leño han pervivido hasta hoy día. Durante siglos, el hombre mantuvo estos bosques fecundos en buen estado, explotándolos para obtener ambas materias. El abandono del campo hizo que se fueran olvidando tales costumbres, talándose bosques enteros.

  Enclavado en las alturas del barranco de la Yedra, en el occidente del Sistema Central, casi en la Sierra de Gredos, el lugar es zona recurrente para quienes visitan la naturaleza. Aquí se localiza el área recreativa del Regajo del Castañar, situada justo en la linde del bosque. En cualquier época del año es recomendable visitarlo, pero hay que reconocer que es en Otoño cuando despliega toda su fuerza, especialmente por el contraste cromático de los castaños con los sotos de robles, servales, acebos y pinos de la zona. Es a partir de estas fechas cuando la zona recibe el mayor número de visitas. La aparición de setas y, sobre todo, la maduración de las castañas, junto con los hermosos colores otoñales con los que durante un par de semanas se visten los árboles, son las razones que justifican esta afluencia de visitantes.

  El Abuelo se alza en el centro del bosque, en el que se esparcen otros castaños monumentales, como la pareja de Prado Hueco o el del Resecadal. Nuestro árbol se localiza a muy escasa distancia del refugio de la Dehesa de la Villa, enclavado en una encrucijada de caminos a la que se llega desde la citada área recreativa en un relajante y productivo paseo de media hora, pues mientras en otros castañares cercanos, como el de Casillas, está prohibido la recolección de castañas, aquí al ser un monte público sigue permitiéndose cogerlas.

 El camino al castañar sale de la localidad abulense de El Tiemblo, a la que se accede por la carretera N-403 entre Ávila y San Martín de Valdeiglesias. Tomar en la entrada desde San Martín (pasada la gasolinera de la calle principal), la carretera que se dirige al embalse de la Hinchona, seguir hasta su final. Siguiendo la pista de tierra, y evitando cualquier desvío ascendente y claramente secundario, llegamos primero a una fuente, y a continuación a un kilómetro, aparecen una desviación con indicaciones a dos áreas recreativas. Debemos escoger el camino de la izquierda, en dirección a área recreativa de El Regajo del Castañar.

  A unos 300 metros, en verano y fines de semana se instala un control de paso, en el que nos darán indicaciones, una bolsa de basura y nos tomarán el número de la matrícula. Actualmente todavía no se ha establecido un cupo máximo de visitantes en este espacio natural. Pasado el control, la calle se convierte en pista asfaltada, aunque con importantes baches, y ligeramente ascendentemente, que avanza de forma paralela a la garganta de la Yedra por un pinar joven de repoblación. Desde el control de paso hasta el área recreativa de El Regajo, donde debemos dejar el coche, nos esperan unos siete kilómetros. A los dos kilómetros el maltrecho asfalto deja su paso a una pista de tierra ancha, y bien apisonada, pero con bastante pedregal y algunas rieras que dificultan nuestro camino. Poco a poco el pinar va dejando su paso a castaños y robles que comienzan a jalonar los bordes de la pista.

  Apenas doscientos metros después se abre la pista a la derecha con un pequeño aparcamiento y algunas mesas que nos ofrecen la posibilidad de comer una buena tortilla si el tiempo acompaña. Para llegar a El Abuelo, desde el área recreativa, hay que cruzar una cancela que delimita la extensión del bosque y a unos 500 metros después tomar una pista de tierra que se inicia a la derecha. Por ella se alcanza el refugio de la Dehesa de la Villa. En su trasera y a un centenar de metros, se localiza al Abuelo.

  Nuestra ruta comienza siguiendo la pista que asciende al collado de la Era del Corcho, y a unos doscientos metros, giramos a la derecha a la altura de una empalizada de madera por un sendero que se interna directamente en la frondosidad del castañar. En Otoño este sendero está totalmente cubierto por las hojas, por lo que es muy importante localizar la desviación junto a esta valla. A partir de este punto, nos sumergimos sin previo aviso en un anciano y embriagador bosque de castaños, algunos de gran porte, que en la época que nos ocupa, llenan el suelo de hojas secas, erizos y castañas, y el cielo de colores que van desde el rojo al ocre por toda la gama de marrones imaginables. Algunos ejemplares son tan impresionantes, que a veces da la sensación de hallarte en un parque organizado solamente para el deleite de los sentidos. Existen multitud de caminos que recorren esta masa forestal; aquí propongo uno por recorrer algunas de las zonas más emblemáticas, pero reconozco que cualquier otro puede deparar innumerables sorpresas. El sendero avanza bordeando el monte sin apenas desniveles, con algunas curvas y un par de desvíos que siempre tomaremos a mano derecha. A unos 20 minutos desde el inicio, el camino asciende ligeramente hasta alcanzar una breve pradera donde destaca un refugio algo cochambroso, pero que se puede utilizar pare refugiarnos en caso de cambio brusco del tiempo. A mano derecha del refugio se abre un camino que de forma descendente nos conduciría de nuevo hasta el área recreativa.

  Continuamos desde el refugio nuestro camino ascendiendo ligeramente unos diez minutos y escogiendo posteriormente todas las desviaciones a mano derecha, atravesando parajes más solitarios del bosque. El camino modera su ascenso al llegar a un pequeño collado, donde los castaños se aclaran y dejan su paso al roble. Hacia la derecha comenzamos a observar la ladera contraria de la garganta de la Yedra, y su interesante contraste de color. Justo en este collado se presenta una bifurcación, que debemos tomar a mano derecha, a pesar de que la sensación que se nos presenta sea la de alejamiento del castañar. Poco a poco el camino desciende hasta una vaguada donde de nuevo los castaños se hacen con el dominio, y nos encontramos con ejemplares majestuosos y ancianos, junto a la fuente del Resecadal, pequeño chorro de agua que en verano puede llegar a secarse. Uno de los castaños presenta una brecha enorme en el tronco como si de un pequeño refugio se tratase. Tras las fotos de rigor, continuamos nuestro camino sobrepasando este paraje, con un ligero porcentaje descendente, que pasados diez minutos nos deposita en uno de los parajes más inolvidables, la pradera de la Yedra. Es un paraje ensoñador, lleno de pastos verdes, una fuente de piedra y con una gran perspectiva para contemplar las laderas llenas de pinares, serbales, acebos, castaños y robles. En otoño el paraje luce sus mejores galas, y si hace buen tiempo, es un buen lugar para atacar el bocadillo de marras con el que combatir el apetito. Hemos tardado una hora aproximadamente desde donde dejamos el coche, en un paseo sin grandes desniveles y asequible para personas de todas las edades y de toda condición. A partir de aquí el paseo puede darse por finalizado, aunque si disponemos de tiempo, la ruta continuaría por el camino ascendente que busca ya sin remedio el collado de la llanada, en la divisoria de aguas, al que se llega en unos 20 minutos, y desde el que se contempla la vertiente sur del macizo de Gredos, el comienzo del valle del Tiétar, y una perspectiva general de la garganta de la Yedra. Es un punto idóneo para la contemplación de las aves, pues constituye un paso obligado en la migración de muchas especies, algo que es aprovechado por los cazadores en las épocas oportunas. En cualquier caso, podemos regresar por el mismo camino que hemos traído al menos hasta el refugio, y desde allí tomar el camino que desciende por la izquierda hasta el área recreativa donde hemos dejado el coche.

  Aunque no es necesario, se recomienda acudir a las hojas cartográficas 1:25.000 del Instituto cartográfico nacional.

  En otoño no debemos olvidarnos llevar una cesta de mimbre si vamos a recoger setas, puesto que el mimbre permite que las esporas se esparzan por el bosque en busca de una nueva germinación.

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